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Muere Camilo Escalona a los 71 años, una de las figuras decisivas del socialismo chileno desde la dictadura a la transición

Camilo Escalona Medina, uno de los dirigentes que acompañó al socialismo chileno desde los años de Salvador Allende hasta la política democrática del siglo XXI, murió a los 71 años, después de un prolongado deterioro de su salud provocado por un cáncer de próstata.

En sus últimos días permaneció internado en la Clínica Indisa, en Providencia, donde su delicado estado movilizó a dirigentes de distintas generaciones y sectores políticos. Durante esta semana llegaron hasta el recinto figuras del oficialismo y la oposición, además del expresidente Gabriel Boric. La presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, había informado horas antes que Escalona se encontraba en estado de gravedad, aunque estable, destacando el afecto transversal recibido por su familia y por el partido.

Su muerte cierra una biografía política particularmente extensa. Escalona perteneció a una generación para la cual la actividad política no fue solamente una profesión o una carrera parlamentaria: significó militancia juvenil, persecución, exilio, clandestinidad, reconstrucción partidaria, recuperación democrática y décadas de participación en el poder.

En 2014, al despedirse del Senado, lo resumió con una definición que retrataba su manera de entender la vida pública: “Soy un hombre político y me siento orgulloso de eso”.

Del liceo a la política nacional

Camilo Escalona nació en Santiago el 15 de junio de 1955. Estudió en el Liceo N°6 de Hombres, actual Liceo Andrés Bello de San Miguel, y comenzó a militar muy joven: ingresó a la Juventud Socialista en 1969, cuando tenía apenas 13 años.

La política lo encontró antes de terminar el colegio.

Durante el gobierno de Salvador Allende se convirtió en dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES), organización que presidió en 1972. Un año después integró el Comité Central de la Juventud Socialista.

Era todavía un adolescente cuando el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 modificó definitivamente su vida.

La Junta Militar lo requirió y el sacerdote Rafael Maroto lo ayudó a ingresar a la Embajada de Austria. Obtuvo asilo político y salió del país. Vivió primero en Viena, después en Cuba entre 1975 y 1978 y posteriormente en Berlín Oriental, en la entonces República Democrática Alemana.

El regreso clandestino

Escalona regresó clandestinamente a Chile en 1983, cuando la dictadura le impedía legalmente ingresar al país.

Se incorporó al sector del Partido Socialista encabezado por Clodomiro Almeyda y en 1984 pasó a formar parte de la Comisión Política del PS en la clandestinidad. Aquellos fueron también los años en que el socialismo chileno discutía no solamente cómo enfrentar al régimen militar, sino cómo reunificar sus diferentes corrientes y qué estrategia seguir para recuperar la democracia.

Esa experiencia marcó buena parte del perfil que mostraría posteriormente: un dirigente de posiciones firmes, identificado profundamente con su partido, pero al mismo tiempo dotado de una reconocida capacidad de negociación y articulación.

Décadas después, incluso adversarios políticos destacarían esa característica. En medio de su enfermedad, dirigentes republicanos reconocieron su papel en la transición democrática y su disposición a construir acuerdos en función de lo que consideraba los intereses del país.

Diputado con el regreso de la democracia

Con el retorno democrático, Escalona ingresó al Congreso.

En las elecciones de 1989 fue elegido diputado por El Bosque, La Cisterna y San Ramón, obteniendo 50.949 votos. Volvió a ser elegido en 1993, esta vez formalmente como representante del Partido Socialista.

Después de no conseguir un escaño senatorial por Santiago Poniente en 1997, regresó a la Cámara en 2002 como diputado por el distrito que comprendía comunas de la provincia de Arauco y la zona del carbón, entre ellas Lota, Curanilahue, Lebu, Cañete, Tirúa y Arauco.

Su carrera parlamentaria terminó por consolidarse en 2005, cuando fue elegido senador por la Región de Los Lagos con más de 65 mil votos.

Permaneció en la Cámara Alta entre 2006 y 2014.

El hombre del Partido Socialista

Pero reducir a Escalona a sus cargos parlamentarios sería contar solo una parte de su historia.

Fue, sobre todo, un hombre de partido.

Presidió el Partido Socialista en distintos períodos: entre 1994 y 1998, nuevamente entre 2001 y 2003, y otra vez desde 2006 hasta 2010.

Su influencia coincidió con algunas de las etapas más importantes de la Concertación. Participó en las complejas negociaciones internas de la coalición, en la relación del socialismo con la Democracia Cristiana y en el proceso mediante el cual el PS pasó desde la clandestinidad y las divisiones de los años 80 a convertirse nuevamente en uno de los principales partidos de gobierno.

Durante esos años se transformó en uno de los dirigentes más reconocibles —y también más controvertidos— de la política chilena.

Escalona nunca intentó presentarse como un independiente ni como alguien situado por encima de las estructuras partidarias. Por el contrario, reivindicaba abiertamente la política y los partidos como instrumentos indispensables de la democracia.

Eso lo diferenciaba de una época en que comenzaba a crecer el desprestigio de las colectividades tradicionales.

Presidente del Senado

Su momento institucional más alto llegó el 20 de marzo de 2012, cuando asumió la presidencia del Senado, cargo que desempeñó hasta marzo de 2013.

Desde esa posición defendió la necesidad de acuerdos políticos amplios y planteó la construcción de un “Estado social y democrático” como parte de las transformaciones pendientes de Chile.

Había llegado a encabezar una de las principales instituciones de la República aquel joven dirigente secundario que, cuatro décadas antes, había debido refugiarse en una embajada para escapar de la persecución política.

La imagen resumía por sí sola una parte de la historia reciente de Chile.

El fin de su etapa parlamentaria

En 2013 intentó continuar en el Senado, esta vez como candidato por Biobío, pero no resultó elegido. Más tarde volvió a competir, en 2017, por Aysén, sin obtener el escaño.

Al dejar la Cámara Alta en marzo de 2014 reconoció que habría querido seguir siendo senador, pero asumió la derrota sin abandonar su identidad política.

Su influencia, sin embargo, no desapareció con la pérdida del cargo parlamentario.

Continuó participando en el debate interno socialista, comentando la coyuntura nacional y desempeñando responsabilidades partidarias. Hasta su enfermedad seguía siendo una referencia para sectores importantes del PS y ocupaba la secretaría general de la colectividad.

Socialista, pero también articulador

Escalona perteneció a una izquierda marcada por la experiencia del quiebre democrático de 1973.

Eso explica parte de su insistencia en la construcción de acuerdos y en la gobernabilidad, incluso cuando esas posiciones le generaron críticas desde sectores más jóvenes o más radicales de la izquierda.

También tuvo un papel relevante en la relación del socialismo con el Partido Comunista. Tras visitarlo esta semana en la clínica, el presidente del PC, Lautaro Carmona, recordó el rol de Escalona en los esfuerzos por terminar con la exclusión política que afectaba a los comunistas durante los años posteriores al retorno de la democracia.

Fue precisamente esa combinación —militante socialista inequívoco y negociador político— la que le permitió mantener relaciones que excedían ampliamente su sector.

En los últimos días, cuando su estado se hizo crítico, las expresiones de reconocimiento llegaron desde la izquierda, el centro y la derecha.

La política como identidad

Escalona escribió también novelas, cuentos y libros de análisis político. Entre sus publicaciones figuran En Jaque, Cuentos del Infierno, El atentado, Archivo desconocido, Una transición de dos caras y Chile: veinte años después.

Pero su obra principal estuvo en otro sitio.

Durante más de medio siglo participó en prácticamente todas las etapas atravesadas por el socialismo chileno: la Unidad Popular, el golpe militar, el exilio, la resistencia clandestina, la reunificación socialista, la Concertación, los gobiernos de centroizquierda y las transformaciones posteriores del sistema político.

Fue dirigente secundario, exiliado, clandestino, presidente de partido, diputado, senador y presidente del Senado.

También conoció derrotas electorales, disputas internas y períodos alejados de los cargos públicos.

Nunca, sin embargo, se alejó completamente de la política.

Cuando en marzo de 2014 abandonó el Senado dijo que esa era su identidad y que no tenía razones para esconderla.

Doce años después, esa frase adquiere otra dimensión.

Camilo Escalona murió a los 71 años después de haber dedicado más de cinco décadas a una actividad que defendió incluso cuando comenzó a convertirse en una palabra incómoda.

La política.

Esta noticia aparece primero en: El Periodista

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